Carlota. Ópera en un acto de Luis G. Sandi con libreto en español de Francisco Zendejas, basado de un episodio del Imperio de Maximiliano.
 
Personajes:
La emperatriz Carlota, soprano; El emperador Maximiliano, tenor; El coronel López, tenor; El mariscal Bazaine, bajo; El destino, tenor.
Coro mixto.
 
Estreno: México, Palacio de Bellas Artes, 23 de octubre de 1948 (en programa con Elena, de Hernández Moncada y La mulata de Córdoba, de Moncayo). Intérpretes: Celia García (Carlota), Rodolfo Ibáñez (Maximiliano), Alfonso Carone (López), Ignacio Ruffino (Bazaine), Ignacio Guerrero (El destino), dirigida por el compositor, puesta en escena de Dino Yannopoulus y escenografía de Julio Prieto. Orquesta Sinfónica de Xalapa y Coro del Conservatorio Nacional de Música.
 
Se presentó los días 18 y 21 de octubre de 1951 en el Palacio de Bellas Artes en las voces de Amparo Martínez, Jorge Romero del Moral y José Luis Canseco, y el 28 de junio de 1961 con Rosa Rimoch, Salvador Novoa, José Moreno Bueno y Luis de Magos.
 
Se representó en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona los días 1, 4 y 8 de enero de 1966 con Maritza Alemán (Carlota), Plácido Domingo (Maximiliano), Joan Lloveras (López) e Isidoro Gavari (Bazaine), dirigidos por Salvador Ochoa, puesta en escena de Marco Antonio Saldaña y escenografía de Ramón Batlle.
 
Argumento: La acción en un salón del Castillo de Chapultepec. En los salones contiguos tiene lugar un baile. Aparecen los coros, que simbolizan al destino y a la patria. Comentan su próxima liberación con las cenizas que padecerá el imperio de Maximiliano. El mariscal Bazaine abandona al emperador y los franceses se retiran. Carlota que espera noticias del fiel coronel López, prepara un viaje a Europa, sabedora de que el tiempo es poco. Ajenos a la tragedia, una baile de época recorre festivo el salón. Maximiliano y Carlota se sienten cada vez más solos. Llega López con noticias tristes los soberanos; deserción y derrota en las filas de las fuerzas imperiales. Carlota, herida por los acontecimientos y al aborde de la demencia, siente que no es ella la que partirá, sino una “quimera”. Los cortesanos contemplan el doloroso trance de la emperatriz, cuando exclama “...Carlota se ha ido, llevándose su “Imperio” poblado de fantasmas...”.


Fuente: "Diccionario de la Ópera Mexicana" del Maestro José Octavio Sosa Manterola.

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