El marciano. Ópera en un acto y cinco escenas de
Gabriel González Meléndez con libreto del compositor, basado en
el cuento homónimo de Las crónicas marcianas de Ray Bradbury (1920).
Personajes: La Farge, viejo transmigrante, autoexiliado de la Tierra,
miembro de las hordas de nuevos exploradores que el viejo mundo arrojó a los
cielos en busca de nuevos horizontes. La Farge ha viajado con Ana, su esposa, a
las áridas pero prometedoras tierras marcianas en busca de un lugar para pasar
sus últimos días y de paso olvidar la muerte de su hijo Tom, quien a la edad de
14 años murió en la Tierra y ahora yace en un cementerio perdido del también ya
viejo Estados Unidos, barítono; Ana, mujer fuerte y decidida quien ha acompañado
a su esposo La Farge en el largo viaje al olvido. Ana parece haber empezado su
marcha un poco antes con una sutil demencia que quizá el viaje, el dolor o la
edad han empezado a aplicar con amor en ella, soprano; El Marciano, anónimo
habitante del planeta rojo que nunca muestra su verdadero rostro, sino el de
aquél que otros más aman y necesitan. Por un sentimiento similar al de aquellos
por los que se apiada, El marciano es Lavinia, la hija de un matrimonio perdida
en el fondo de un lago, es la víctima de un asesino convicto, es la presa de un
policía, es el esposo de una mujer abandonada, y es Tom, el hijo añorado de Ana
y La Farge, mezzosoprano; Saúl, remero de los canales de Marte, portador de las
noticias que empiezan a perturbar la felicidad reencontrada del matrimonio de
viejos, tenor; Mike, habitante del pueblo marciano donde Tom (El marciano) ha
desaparecido y quien ha oído rumores que su amigo La Farge no quiere escuchar,
tenor; Joe Spaulding, padre de la desaparecida Lavinia (El marciano) que no
cuestiona la súbita reaparición de su hija, bajo; Un Policía, oficial del pueblo
que ha reconocido a un criminal entre la turba, barítono; Una señora, mujer
viuda que reclama a su esposo entre la multitud del pueblo,
soprano.
Dotación: flauta, oboe, clarinete, fagot, 2 cornos, 2 trompetas,
trombón, tuba, timbales, percusiones, arpa, piano, cuerdas.
Estreno:
Monterrey, N.L., Teatro de la Ciudad, 11 de mayo de 1989. Intérpretes: Raymundo
Lobo (La farge), Yvonne Garza (El marciano), Lidia Cepeda (Ana), Gabriel
González Meléndez (Saul-Mike), Sergio Elizondo (Joe Spaulding), puesta en escena
del compositor, escenografía de Miguel Ángel Jáuregui y vestuario de Fernando
Mier y Terán. La representación se realizó con música grabada, excepto las
voces.
Argumento: Agosto de 2005. Ana y La Farge, una pareja de
viejos se han mudado de la Tierra a Marte decididos a pasar sus últimos años en
el planeta rojo y a olvidar a su hijo Tom quien murió a la edad de 14 años en la
Tierra. Una noche de tormenta, su casa, construida a la orilla de uno de los
cristalinos canales marcianos, es visitada por un extraño ser que bajo la lluvia
y entre la oscuridad parece adquirir la forma y estatura de un niño. Los viejos
tienen miedo y se refugian en su recámara. Al día siguiente La Farge descubre a
su hijo Tom de 14 años ayudándole a Ana en las labores del hogar. La Farge
asustado y todavía escéptico le cuestiona su identidad aludiendo a las historias
que él ha escuchado acerca de los marcianos que toman la forma de lo que los
miedos y deseos más íntimos del ser humano. Cubriéndose el rostro, Tom le ruega
que haga lo mismo que Ana ha hecho, aceptarlo, sin reservas. La Farge decide
aceptarlo, pero esa tarde Saúl, remero del pueblo, llega con la noticia de un
tal Momland que habiendo huido de la Tierra después de haber dado muerte a un
hombre, se lo había encontrado en Marte. La Farge se inquieta con la noticia.
Esa tarde, Ana les dice que irán al pueblo. Tom les ruega que no vayan, pero Ana
insiste. Tom desaparece en medio de un incidente en el pueblo. Horas más tarde,
Ana y La Farge están listos para regresar pero no encuentran al niño. Ana le
ruega a su marido que lo encuentre para llevarlo de nuevo a casa. La Farge,
atormentado, inicia su búsqueda en el pueblo. En el camino se encuentra a Mike,
habitante del pueblo, quien le cuenta acerca de la reaparición de Lavinia
Spaulding, muerta años atrás. La Farge, casi llorando, lo deja con la palabra en
la boca. Una voz que entona un canto conocido comienza a escucharse a lo lejos.
La Farge reconoce la melodía y corre hacia ella. Sobre un balcón encuentra a la
joven Lavinia. La Farge le dice que lo sabe todo y le ruega que vuelva. Lavinia
le ruega que la deje con sus nuevos padres. La Farge, desesperado por Ana, ahora
le exige. Ante la fuerza de su ruego, El Marciano no se resiste y se transforma
de nuevo en Tom. Joe Spaulding, padre de Lavinia, sabe la historia también y
amenaza con disparar al intruso. Tom, le pide a La Farge que vaya a la barca,
que él lo alcanzará luego. La Farge hace lo que su hijo le indica. Ana le
pregunta por Tom. La Farge le asegura que su hijo vendrá. A lo lejos, ambos
empiezan a divisar una turba. Entre la multitud una figura se retuerce
convirtiéndose en hombres y mujeres de todas razas y todas complexiones. Al
llegar a la barca, La Farge lo toma de un brazo al tiempo que un policía reclama
a su presa y una mujer reclama a su marido. Joe Spaulding sale de entre la
multitud apuntando con su pistola. La criatura reinicia sus transformaciones. Al
llegar frente a ellos la metamorfosis del ser toma un ritmo frenético, hasta que
en la última mutación y tras un desesperado grito, cae al suelo, muerto. La
multitud se dispersa. Los últimos en irse son la pareja de viejos, quienes
trepan a la barca y regresan de nuevo a su casa. Es de noche y una tormenta cae
de nuevo sobre la casa. La Farge cree ver de nuevo algo entre la lluvia. Cuando
se asoma, no hay nadie. La Farge echa cerrojo y cierra la puerta.
Fuente: "Diccionario de la Ópera Mexicana" del Maestro
José Octavio Sosa Manterola.
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