Elena. Ópera en un acto de Eduardo Hernández
Moncada con libreto en español de Francisco Zendejas, basado de un
corrido popular del Bajío.
Personajes:
Elena, soprano; Bernard,
militar francés, tenor; La mamá, mezzosoprano; Benito, esposo de Elena,
barítono; La nana, mezzosoprano; El alcalde, barítono. Coro
mixto.
Dotación: 2 flautas, 1 piccolo, 2 oboes, corno inglés, 2
clarinetes, clarinete bajo, 2 fagotes, 1 contrafagot, 4 cornos, 3 trompetas, 3
trombones, tuba, timbales, percusiones, arpa, cuerdas.
Existe
partitura de canto y piano en la biblioteca de la Escuela Nacional de
Música.
Estreno: México, Palacio de Bellas Artes, 23 de octubre de
1948 (en programa con Carlota, de Luis Sandi y La mulata de Córdoba, de José
Pablo Moncayo). Intérpretes: María Luisa Rangel (Elena), Concha de los Santos
(La nana), José I. Sánchez (Bernard), Margarita González (La mamá), Alberto
Herrera (Benito) y Fausto de Andrés (El alcalde), dirigidos por Eduardo
Hernández Moncada, puesta en escena de Dino Yanopoulos y escenografía de Genaro
Esquivel. Orquesta Sinfónica de Xalapa y Coro del Conservatorio Nacional de
Música.
Argumento: Acto único, escena primera. Elena, esposa de
Benito, recibe en su casa la visita de Bernard, apuesto francés desertor de las
tropas de intervención, a la fecha próspero negociante en los campos del Bajío.
El ex soldado ha venido cortejándola insistentemente, mas ella, a pesar de su
exuberante naturaleza, ha podido resistir; sin embargo ahora su esposo en la
cárcel, las niñas enfermas, escucha, casi convencida, los galanteos de Bernard.
Al fin accede a darle una cita: le invita a cenar. Encontrándose solos en la
noche, se verán libres de las acechanzas de la nana de las niñas.
Escena
segunda: Entre risas, suspiros y cantos apasionados, Elena y el francés apuran
la cena y encienden sus deseos. Se suceden miradas y caricias arrobadoras. De
pronto entra la madre de Elena, quedando presa de dolor al comprobar la mala
conducta de su hija; conocedora de los devaneos entre Elena y el francés, tenía
sin embargo, confianza en que la virtud de la joven vencería. Acongojada ante la
evidencia, increpa a Elena para que vuelva por el camino de la esposa honrada,
pero es demasiado tarde: su hija está decidida a entregarse a Bernard. La nana
de las niñas, al tanto de lo ocurrido, se pone de parte de la madre de Elena.
Amabas maldicen a la infiel. Mientras tanto, Bernard se ha sentido bastante
incómodo dentro del cuadro de dificultades domésticas. Decide marcharse, pero
antes concerta en voz baja una nueva cita con Elena: se reunirán esa misma
noche.
Escena tercera: Elena espera en el balcón de su recámara la visita de
Bernard. Canta la anticipación ardorosa del amor y rechaza los remordimientos
que la asaltan. Tocan la puerta y se escucha la voz de Benito, esposo de Elena,
que imita a Bernard. Elena pide que repita la llamada; Benito, fingiendo siempre
la voz añade esta vez que no debe dejarse convencer por la moral gazmoña de su
madre y de la sirvienta; por lo que advertimos que el marido ha estado a visitar
a su madre política antes de llegar al hogar. Al fin, cuando Elena abre la
puerta, entra Benito pistola en mano. La infiel pierde el ánimo y se arroja a
los pies del ofendido; implora perdón, trata de ablandar al marido aludiendo a
su amor por las niñas enfermas; mas el recuerdo de sus hijas aviva la furia de
Benito y lo lleva a consumar su venganza: vacía la pistola en el cuerpo de
Elena.
Fuente: "Diccionario de la Ópera Mexicana" del Maestro
José Octavio Sosa Manterola.
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