La leyenda de Rudel. Ópera en un acto y tres escenas de
Ricardo Castro con libreto en italiano, como primera opción y
en francés como segunda, de Henry Brodi. Obra dedicada a José Ives Limantour.
Personajes:
Jaufré Rudel, poeta, tenor; Segolèna, soprano; La
condesa de Trípoli, mezzosoprano; El piloto, barítono; El peregrino, barítono;
El heraldo, tenor.
Coro mixto.
Estreno: México, Teatro Arbeu, 1
de noviembre de 1906. Intérpretes: Giuseppina Picoletti (Segolena), Angelo
Pintucci (Jaufré Rudel), Virginia Guerrini (La condesa de Tripoli), Pietro
Giacomello (El piloto), dirigidos por Vittorio Mingardi.
En el
Palacio de Bellas Artes se estrenó el 23 de octubre de 1952. Intérpretes: José
Sosa (Jaufré Rudel), Betty Fabila (Segolena), Aurora Woodrow (La condesa de
Trípoli), Miguel Botello (El piloto), Rosendo Gómez (El peregrino) y Javier
Iriarte (El heraldo), dirigidos por Eduardo Hernández Moncada, puesta en escena
de Charles Laila, escenografía y vestuario de Antonio López Mancera y
coreografía de Martha Bracho.
Existe partitura para canto y piano
en la biblioteca del Conservatorio Nacional de Música.
Argumento:
La acción en Francia, en la época de las Cruzadas.
Primer cuadro. El poeta
Rudel conversa con unos peregrinos, quienes le piden les cante algún poema; a
cambio ellos le cuentan que en sus peregrinaciones han visto a la bella Condesa
de Trípoli, mujer que adora la poesía y desprecia a los guerreros. Mientras los
peregrinos narran esta historia, se escucha la voz de la Condesa proclamando su
culto por los poetas. Los peregrinos se retiran y llega Segolena, sencilla mujer
que ama a Rudel: El poeta se impacienta porque Segolena no comprende su lenguaje
poético y la joven mujer desespera al advertir que no podrá retener a Rudel,
quien le anuncia que ha decidido peregrinar a Tierra Santa.
Segundo cuadro.
Rudel se ha embarcado y una furiosa tempestad le sorprende; la tripulación se
espanta y el piloto abandona el timón. Rudel los obliga a luchar contra la
tormenta. Cuando la tripulación reza a Dios, Rudel declara que su único Dios en
la Condesa de Trípoli, en cuya busca va. Cuando la tempestad aminora, Rudel
escucha una voz que le reclama su escepticismo, así como la traición al amor de
Segolena.
Tercer cuadro. La Condesa de Trípoli se encuentra en sus
habitaciones en Siria, mientras cortesanos y bailarinas intentan distraerla. Se
siente presa de moral fastidio, pues la aflige que los últimos versos de su
poeta distinguido sean tan tristes y melancólicas. Un heraldo le anuncia la
llegada de un braco francés. Ella hace pasar a los viajeros que se presentan
enfermos y macilentos. Rudel se presenta ante ella, cayendo ambos en un éxtasis
de amor; sin embargo, Rudel no logra resistir las penalidades del viaje y cae
muerto en brazos de la Condesa, quien ordena sea sepultado con honores reales.
Todos lamentan la suerte del poeta Rudel, que al perseguir una ilusión solo
encontró la muerte.
Fuente: "Diccionario de la Ópera Mexicana" del Maestro
José Octavio Sosa Manterola.
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