La mujer y su sombra. Ópera en un acto de Miguel
Alcázar con libreto de Paul Claudel (1868-1955) con traducción y
adaptación del compositor (35' ca.)
Personajes:
La Mujer,
soprano.
El Guerrero, tenor.
La Sombra, actriz.
La Imagen,
soprano.
Una Voz, mezzosoprano.
Coro mixto.
Dotación: 2
flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 cornos, 2 trompetas, 2 trombones,
tuba, 6 percusiones, 2 guitarras, celesta, cuerdas.
Estreno:
México, Palacio de Bellas Artes, 12 de abril de 1981 (en programa con La mulata
de Córdoba, de Moncayo, y Severino, de Moreno).
Intérpretes:
Margarita Pruneda (La Mujer)
Ignacio Clapés (El guerrero)
Margarita
González (La voz)
Kimi Washikawa (La sombra-La imagen)
Dirigida
por Sergio Ortiz
Puesta en escena de José Antonio Alcaraz
Escenografía de
Leonardo Peláez
Vestuario de Edith Juárez
Orquesta y Coro del Teatro de
Bellas Artes
Se representó en el Teatro Juárez de Guanajuato, en el
marco del IX Festival Internacional Cervantino, los días 6 y 7 de mayo de
1981.
Ópera premiada en el concurso de composición de la Fundación
José Morales Estévez en 1979.
Argumento: Entre una atmósfera de
poéticos simbolismos, la escena ofrece un paisaje solitario. A la izquierda,
sobre una mojonera de piedra, se lee una inscripción que anuncia la frontera
entre dos mundos. Al fondo se extiende una pantalla de papel que representa la
niebla y a la derecha una linterna de piedra, semihundida en la pantalla,
alumbra con débil luz. Hasta la linterna puede subirse por unos peldaños. A la
izquierda hay también un puente por el que llega, acompañado de un séquito, un
guerrero de los tiempos antiguos. La luz de la linterna está encendida con el
propósito de conservar la memoria de la mujer que el guerrero amó, y que
considera perdida para siempre. El doncel se detiene, lee el nombre de su amada
en la inscripción que hay en la linterna, y durante breve lapso se entrega a la
meditación. Sobre la pantalla de papel se va haciendo una luz que comienza por
perfilar una vaga sombra que paulatinamente va adquiriendo nitidez, hasta
mostrar claramente una figura femenina. Al mismo tiempo, llega al paraje una
mujer en un palanquín, del cual desciende y se aproxima a la sombra de la mujer
muerta, que va diluyéndose. El guerrero dice que ha visto aparecer la sombra de
una mujer que fue suya en otro tiempo. La mujer replica que se trata de una
ilusión vana, que ella constituye la única realidad. Habla de los grandes
pintores que han llegado a reproducir las flores con tal verdad, que las abejas
tratan de libarlas. Afirma que la imaginación humana tiene una fuerza capaz de
proyectar sombras en el muro tan espeso que nos rodea permanentemente, adonde
quiera que vayamos. Mujer, guerrero y coro se refieren al poder de la poesía, a
cuyo conjuro las cosas son. Mientras hablan de una rama de durazno que florece
en primavera y que el viento agita, sobre la pantalla aparece en efecto una
rama. "Cada verso -dice la mujer- le añade un ramo; cada palabra le añade una
flor". La rama se dibuja por completo. Hablan del más allá, de esa región ignota
que se extiende donde no brilla el sol de la Tierra, donde es el estío eterno, y
el guerrero señala que las pequeñas moscas que las flores han atraído, no son
moscas sino mariposas. Efectivamente, aquí y allá ven apareciendo grandes
mariposas. La mujer pone su mano ante los ojos del guerrero y rama y mariposas
desaparecen. Coro y mujeres disertan después acerca del estilo del más allá de
la niebla desde donde alguien nos escucha y hacia quien, según la joven, es
preciso dirigirse no con las profanas palabras, sino con el canto y la música,
unicos vehículos capaces de legar hasta donde el habla humana no se comprende.
La mujer comienza a tañer un laúd, mas de pronto el guerrero la interrumpe. A
pesar de ello, la música continúa detrás de la pantalla, y la joven dice al
guerrero que así como hay una sombra de los cuerpos, también existe un reflejo
de las voces. La voz de l sombra prosigue la canción, que concluye en una
especie de risa sofocada. La sombra de la mujer muerta reaparece sobre la
pantalla, y la mujer viva se coloca delante de ella, de manera que ambos
perfiles coinciden. El guerrero pretende asir la sombra, pero la mujer lo
impide. Cada movimiento de la mujer es reproducido fielmente por la sombra. El
guerrero toma por la mano a la mujer, la aleja de la pantalla, y con un seco
golpe de su sable corta el lazo invisible que unía a la mujer y a la sombra. La
mujer se desploma; la sombra se aleja cada vez más lentamente. Con la espada en
la mano, el guerrero se aproxima y a cada paso que da, la sombra da otro. Cuando
llega cerca de la linterna, se vuelve y los espera. El guerrero hunde su arma
alevosa en la pantalla, y la retira ensangrentada. La mujer lanza un grito y
muere. La luz de la linterna se apaga. El guerrero se retira, vacilante. Se
escuchan algunas notas de laúd desde detrás de la pantalla, y después una débil
carcajada. (Sinopsis del programa de mano de 1981.)
Fuente: "Diccionario de la Ópera Mexicana" del Maestro
José Octavio Sosa Manterola.
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