Netzahualcóyotl. Ópera en tres actos y siete escenas de Roberto Téllez Oropeza con libreto en español de Alfonso Ortiz Palma. (125’ ca.)
 
Personajes:
Netzahualcóyotl, barítono; Yohualahua, soprano; Taninui, mezzosoprano o contralto; Rey Itzcoatl, tenor; Rey Totoquihuatzin, tenor; Atonatiuh, barítono; Xiconoatzin, bajo; El Heraldo, tenor.
Coro mixto.
 
Estreno: México, Sala Chopin, 18 de noviembre de 1952. Intérpretes: Antonio Ibar Domínguez (Netzahualcóyotl), Josefina Arellano (Yohualahua), Concha de los Santos (Taninui), Fernando de la Mora (Heraldo), dirigida por el compositor y dirección coral de Julio Jaramillo y orquesta del SUTUM.
 
Año de composición 1949-1950.
 
Argumento: Prólogo. Un pescador del Anáhuac, cautivado por el paisaje al atardecer, en el que destacan los volcanes que circundan el Valle que aloja a las aguas, evoca la tradición Azteca, llena de mitos y leyendas de victorias, mandatos divinos y anhelos de libertad asociados al recuerdo, vivo aún, de la venerada figura de Netzahualcóyotl (sic), el que en líricos poemas dejó la huella de su grande y tierno amor que se malogró; pero que justificó su vida.
Primer acto, primer cuadro. Un grupo de pescadores y tejedores rinden culto a Quetzalcóatl, (aria de la Profecía) a la orilla del lago, entre las que se encuentran Yohualahua, la prometida de Netzahualcóyotl, quien lo ha perdido y teme que haya muerto a manos de Tezozómoc que lo persigue encarnizadamente, se ha adueñado de todos los reinos del Valle y ha destronado y asesinado al viejo Ixtlixóchitl, padre de nuestro Netzahualcóyotl. Ella desesperad, aumentando su desgracia el aviso de su propio padre, anciano que teme morir, y que pretende casarla para no dejarla sola (aria de Yohualahua).
Segundo cuadro. Cree la gente, que los dioses, para salvar al Príncipe errabundo, lo han convertido en coyote, el que aúlla lastimosamente en la noche, siendo oído por dos cazadores, en un bosque cercano a Tenoxtitlán. En tanto uno de ellos prepara el arco para atraparlo, es atajado por el otro, que entera al primer del dicho popular y le advierte que en lo sucesivo deberá protegérsele. Al retirarse éstos, aparece Netzahualcóyotl, extenuado y relata sus desventuras, (Gran aria) evoca la peregrinación de sus ancestros los Aztecas, fundadores de Tenoxtitlán, y recuerda horrorizado el asesinato de su padre por los esbirros del implacable Tezozómoc. Jura vengarlo, encontrar a su amada y reconquistar su reino (aria del Juramento). Atonatiuh, su devoto amigo de la infancia, el que lucha pos su causa y ha dejado de ver, llega, informándole que su suerte está a punto de cambiar (aria del Amigo), lo que se confirma al verse en lontananza una fogata, señal del principio de la rebelión contra el tirano, que los amigos han preparado en unión de los pueblos comarcanos y es jefaturada por Itzcóatl, el que será emperador de los Aztecas en caso de triunfar, ultimándose detalles de la rebelión al grito de guerra abanderado por el emblema del Águila y el Nopal.
Segundo acto, primer cuadro. Tezozómoc fue derrotado y muerto. Itzcóatl ha coronado a Netzahualcóyotl rey de Texcoco, pues es el Emperador de los Aztecas, que extiende sus dominios hasta el mar, instituyéndose la triple alianza de Totoquihuátzin, de Tlacopan, iniciándose la bonanza y el esplendor, Pero él, aunque triunfante y lleno de honores y privilegios, añora a su amada, ordenando se la busque por todas partes.
Segundo cuadro. Reunidos los tres aliados, discuten y planean los asuntos públicos, ocupando el primer lugar los que atañen a la seguridad del Imperio. Itzcóatl informa que ha sido descubierta una conspiración, sin haberse podido apresar a los conjurados, y ¡muy a pesar!, revela que el cabecilla es un hijo bastardo del poeta Rey, respondiendo éste que se le juzgue y se le castigue severamente en caso de ser responsable, no obstante su parentesco.
Tercer cuadro. El inculpado es juzgado en ausencia, encontrado culpable y sentenciado a la horca, lo que se le comunica al padre ofendido en el momento de recibir otra noticia peor: ¡Yohualahua ha sido encontrada; pero se ha casado con otro! (aria del doble Dolor). Ella implora su perdón, (aria de la Imploración) explicándole que lo hizo por orden de su padre al considerársele muerto, en la región, en aquellos días, lo que atestigua Taninui, (aria del Amor) la doncella de Yohualahua. El jurado intenta juzgar a la infiel, lo mismo que al marido, presente, a lo que se opone el amante traicionado, pidiendo la libertad absoluta para los tres, para después repudiarla.
Tercer acto, primer cuadro. Netzahualcóyotl empieza a encanecer; se ha desposado con Matlachihuátzin, la bella hija del aliado Totoquihuátzin, de cuya unión ha nacido un heredero legítimo: Netzahualpilli; su amigo Atonatiuh ha retornado; recuerdan los tiempos idos, las venturas y los infortunios. Sin embargo, ¡Netzahualcóyotl no es feliz! A pesar de sus experiencias, riqueza y renombre cree que todo ha concluido. Pero... al fin, aún en la desolación, está su poesía, la que nunca lo ha abandonado y a la que se entregará por completo (aria del Poeta).
Segundo cuadro. En las faldas del Ajusco recibe la grata nueva de que otro de sus hijos, muy joven, se ha convertido en héroe al derrotar a los Chalcas, enemigos acérrimos de los texcocanos. Le envía felicitaciones y concede honores, mientras de un teocali cercano sale un sacerdote llevando el cadáver de Yohualahua, la que se inmoló al dios del amor, confiando en que...”el amor que aquí comienza, en algún lugar acaba...” (aria del Florido Mundo) lo que lleva al atormentado corazón de Netzahualcóyotl el convencimiento de que su amada se ha sacrificado por él, legándole la mejor prueba de su fidelidad, que él, aunque tarde, comprende, al exclamar ante lo irremediable: ¡Mi fiel Yohualahua! (aria de la Dicha Incompleta). (Sinopsis tomada del programa de mano de 1952).


Fuente: "Diccionario de la Ópera Mexicana" del Maestro José Octavio Sosa Manterola.

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