Orestes parte. Ópera en dos actos de Federico Ibarra con libreto en español de José Ramón Enríquez. (1’10 ca.)
 
Personajes:
Clitmenestra, soprano; Electra, mezzosoprano; Orestes, tenor; Egisto, barítono; Tres reflejos, dos sopranos y una mezzosoprano.
 
Estreno: México, Sala Nezahualcóyotl, 7 de diciembre de 1984, en forma de concierto. Intérpretes: Guadalupe Pérez Arias (Clitmenestra), Ignacio Clapés (Orestes), Estrella Ramírez (Electra), Rufino Montero (Egisto), María de la Gracia Álvarez, Ana Gloria Bastida y Amparo Martínez (Reflejos), Luis Rábago (Narrador), dirigidos por Armando Zayas. Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Estreno como representación escénica: México, Palacio de Bellas Artes, 5 de julio de 1987. Intérpretes: Margarita Pruneda (Clitmenestra), Juan Bautista Sandoval (Orestes), Estrella Ramírez (Electra), Rufino Montero (Egisto), Carolina Vadillo, Liliana Gómez y Lía Castruita (Reflejos), dirigida musicalmente por Alfredo Domínguez, puesta en escena de Luis de Tavira, escenografía de Gabriel Pascal y coreografía de Marcela Aguilar. Orquesta del Teatro de Bellas Artes.
 
Argumento: Cuadro primero. Es de noche. Orestes y Electra penetran, en penumbra, con gran cuidado, en la habitación vacía de su madre, dominado por el enorme tocador donde ella se peina. Cuando la emoción supera al sigilo, y ellos lo advierten, retornan a él.
Cuadro segundo. Clitmenestra se peina frente a su espejo triple. Tras cada hoja del espejo, una actriz es su imagen, de modo que, al moverse, resulten cuatro y, al hablar, lo hagan a coro, salvo cuando, a juicio del director, se repartan los diálogos.
Cuadro tercero. Como dos fieras que preparan su ataque, Electra y Egisto se miran, se miden, se rodean, aparentan dar el primer golpe, se retraen, se odian mientras hablan.
Cuadro cuarto. Clitmenestra peina lentamente su cabello, como quien se entrega a un rito que requiere todo el fervor. Su larguísima cabellera cruza todo el escenario hasta terminar en ese extremo donde Orestes juguetea con sus puntas.
Cuadro quinto. Mientras lo observan desde la balaustrada del palacio, Orestes cruza. Aumenta su temblor a cada paso y, en el último, estalla.
Cuadro sexto. Los tres reflejos de Clitmenestra la coronan, frente al espejo. Egisto la rodea, zumbante. En el extremo opuesto del escenario aparece Orestes para hablar del amor.
Cuadro séptimo. Los cuatro personajes juegan a las cartas, pero sólo una Clitmenestra está sentada: las otras tres se mueven sin cesar, atisban las cartas de los jugadores e informan -con señas imperceptibles para los demás- a la Clitmenestra que juega, con lo cual siempre gana. El diálogo no distrae del juego a nadie.
Cuadro octavo. Orestes blande la espada, ensaya bajo la dirección de Electra. Al fondo, inmóviles, Clitmenestra y Egisto, primero a oscuras, se van iluminando poco a poco. Todo en el tono de los salones de armas de los viejos castillos.
Cuadro noveno. Dos áreas: en una, Orestes y el cadáver de Electra forman una piedad; en la otra, Clitmenestra, como al principio de todo, se peina. El cadáver de Egisto es sólo un bulto.

(Sinopsis tomada del programa de mano de la representación de 1987).


Fuente: "Diccionario de la Ópera Mexicana" del Maestro José Octavio Sosa Manterola.

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