Libro: LA LIRICA EN ROSARIO (Argentina)
1884-1910
Autor: Roberto Di Nóbile Terré
En la muerte de CARLO GALEFFI; sus últimos días de vida.
Aunque no corresponda, ya que éste es el libro de LA LIRICA EN
ROSARIO
(Argentina) 1885-1910, recuerdo con dolor y nostalgia los últimos
días de
vida de uno de los más famosos barítonos de la historia
lírica,
Commendatore Carlo Galeffi. En muchas temporadas actuó en los
teatros
argentinos, incluyendo entre ellos los de la ciudad de Rosario. Lo
conocí
en la tienda del antiquario Pietro Petrosémolo alrededor del año
1959,
cuando venía de cumplir un contrato como profesor de canto en
el
Conservatorio Nacional de Ankara, Turquía.
Alto, delgado, de aspecto
fuerte, cabellos blancos y lisos, era muy poco
partidario de la publicidad.
Hijo de un suboficial del ejercito italiano de
origen florentino, nació en
Malamocco, Venezia, el día 4 de Junio de 1884.
Presenciando la ópera
L'Africana sintió que su amor por la música no sería
completo sin la ópera.
Cuando solo tenía 15 años actuó como comparsa en el
Politeama Adriano, en la
ópera de Verdi, "La forza del destino", el 1º de
Octubre de 1899.
Su
sencillez, no le permitía aceptar que los amigos del grupo lo llamáramos
por
su título honorífico. En el momento de ser presentado y manifestando
mi
nacionalidad, se estableció una simpatía mutua, ya que El siempre
recordó
los amigos y los buenos años y la cantidad de temporadas pasadas
en
Argentina. Esta amistad fue acrecentándose a medida que fue conociendo a
mi
familia, demostrando debilidad por mis pequeños hijos, especialmente
por
Adriana de cinco años, a la que llamaba "farfallina".
Me conmovió su
extrema soledad y necesidad económica, por lo que las
invitaciones a comer en
nuestra casa fueron muy asiduas. Su forma de
responder fue la de traer unos
paquetitos de caramelos para los niños.
Siempre me dió la impresión de una
persona tímida, pero sumamente educada y
afable.
En el año 1921 terminada
la temporada que realizara en el Teatro Colón de
Buenos Aires, se desplazó a
Ciudad de México, donde en el Teatro Esperanza
Iris, participó en una
importante estación con las óperas "Tosca",
"Barbiere di Siviglia", "Ballo in
maschera", "Trovatore", acompañado por
Claudia Muzio, Fanny Anitua, Ofelia
Nieto, María Teresa Santillán, Tito
Schipa, Adamo Didur, Aureliano Pertile,
Virgilio Lazzari y Giulio Crimi.
Unas dos y a veces tres días por
semana nos reuníamos en la tienda de
Pietro Petrosémolo, en Roma, donde sin
que nadie se lo hubiera propuesto,
se organizaban unas tertulias por demás
interesantes. Reuniones
bohemias.... puramente bohemias....¡Que lindas e
interesantes....!
En una de las visitas que realicé a su casa, en Via
Margutta, descubrí un
cuadro de tamaño natural donde Don Carlo fue
pintado con la vestimenta del
Barbiere di Siviglia. Trabajo me costó
convencerlo para que posara junto al
cuadro, mientras yo le hacía una
fotografía. Hoy la guardo como un preciado
tesoro, publicada en este
libro.
El Sábado 16 de Septiembre de 1961, me llama Pietro Petrosémolo
para
informarme que Galeffi había sido internado en el Hospital San Giacomo,
que
no dejara de visitarlo ya que su estado era malo y los médicos daban
pocas
esperanzas.
Supuse que por ser Domingo lo visitarían sus familiares,
por lo tanto dejé
mi visita para el Lunes, pero con tan mala suerte que
equivoqué el horario
y llegué tarde. El Martes y dada la gravedad del enfermo
no me dejan
entrar, pero expuse la sugerencia de Petrosémolo afirmando ser un
pariente
de provincia, convenciendo con este argumento a la Jefa de
Recepción que
permitió la visita.
En la habitación ya se encontraban
sus sobrinos Riccardo y la hermana de
éste y el Dr. Vianello, amigo de la
familia. Los hermanos estaban trenzados
en una conversación por demás
animada, que se oía desde fuera. Los temas
eran variados y versaban alrededor
de su tío, incluyendo la parte
económica. La conversación fue convirtiéndose
en discusión. Llegó
Dobrovich, amigo de Galeffi y asistente a las tertulias,
quien por la
confianza con los hermanos puso un poco de orden. Riccardo se me
acercó en
plan justificatorio y sin que yo abriera boca, comenzó a contarme
los
antecedentes de la enfermedad de Don Carlo y el anterior internamiento
en
el hospital San Camilo.
Posteriormente la hermana de Riccardo continuó
hablando con Dobrovich, con
el General Menozzi, también del grupo y con los
que llegaron más tarde
Giorgio y Gilberto Mazzi, actor de teatro y que en su
juventud, dejara sus
estudios para hacer de secretario a Galeffi. Al
atardecer volví
nuevamente al hospital y se encontraban el General y un
cuñado de Galeffi,
quienes le hacían compañía.
Aunque Don Carlo no puede
hablar sé que me ha reconocido, vi en sus ojos
un brillo que no es el de una
persona perdida. Hay que adivinar lo que
desea, agua, hacer una necesidad o
que lo cambien de posición. Todos nos
esmeramos por atenderlo. Su cuñado se
queda esta noche.
El Miércoles muy temprano estuve en el hospital, y ya se
encontraba el Dr.
Vianello, quien le sostenía el brazo evitando lo moviera
después de la
colocación del suero. A media mañana lo hizo el General, detrás
Giorgio,
Mazzi, Bea y un compañero de Galeffi de cuando hicieron el Servicio
Militar
juntos, llamado Salvatore.
A las 11 hrs. uno vestido de blanco,
vocifera sin la menor consideración
para los enfermos, "todo el mundo fuera",
orden prepotente expresada por
uno de los ayudantes de su "excelencia", ya
que efectuaba la visita a los
enfermos el "todopoderoso" Primario, Dr.
Sposito. Las pocas palabras
exprimidas lo demostraron pedante, engreído, mal
educado y prepotente.
Terminada la visita de muy pocos minutos, el Dr.
Vianello alcanza en el
pasillo al Dr. Sposito y le pregunta por su tío. Le
contestó poco menos que
a los gritos sorpresiva e inesperadamente, tanto que
Vianello no llegó a
reaccionar. Mientras Sposito llamaba a su asistente
decía, "yo no estoy
aquí para explicar a los parientes uno por uno la
enfermedad o el estado de
cada paciente, no puedo perder el tiempo con estas
cosas", para terminar su
odioso gesto con una frase sentenciosa "a ese es
mejor darle la
extremaunción". Jamás había oido semejante cosa y eso que
todos estábamos
dentro de la habitación. Desgraciadamente Galeffi estaba mal,
pero no era
sordo, lamento que lo haya oído.
El Jueves 21 llego y veo que
en la habitación no hay nadie, evidentemente
los parientes no se habían
puesto de acuerdo. Aparentemente dormía, me
enteré que la noche anterior le
habían hecho una transfusión de sangre. Al
poco tiempo despierta y de los
escasos movimientos que podía hacer,
destacaban sus ojos. Parecía querer
algo. Tenía deseos de beber. Intento
darle un vaso de leche que vi en la
mesita y el enfermo de al lado me avisa
de que es del día anterior. . Le doy
un zumo de frutas que bebió con
avidez. Tuve la impresión de que sus ojos
sonreían. Me invadió una gran
sensación de dolor, de solo pensar que
posiblemente no bebía nada desde
ayer.
En el interín llegó su amigo
Salvador. cuya conversación siempre versaba
sobre lo mismo, el agradecimiento
hacia Don Carlo por su amistad y las
veces que lo había ayudado. Debo irme,
ya no puedo esperar a alguno de sus
parientes, se queda Salvador. Le cojo una
de sus manos a Don Carlo,
mientras como siempre y en broma le digo "hasta
luego Commendatore". Con
gran sorpresa de mi parte y esfuerzo por El,
observo que saca la mano
derecha de la cama y la levanta hasta donde puede en
señal de respuesta.
Cuando salía, no se me ocurrió pensar que Salvatore y yo
seríamos los
últimos en verlo con vida. Por la tarde ya no conocía a nadie,
estaba en
coma.
El Viernes por la mañana encuentro en la habitación a la
señora Batisti,
amiga de la familia, quien demostró mucha práctica en tratar
enfermos. Más
tarde llegaron el Dr. Vianello, la sobrina, el General y Mazzi,
quien se
retiró impresionado por el estado de Galeffi. La resistencia ya no
existía.
Nos retiramos con el General con la intención de volver pronto y
relevar a
los que se quedaban. Esto fue sobre las 15 horas, el barítono
Commendatore
Don Carlo Galeffi había dejado de existir a las 14,20. El Dr.
Vianello y
Riccardo se dedicaron a los trámites relacionados con el
fallecimiento.
Mientras su sobrina sigió comentando pasajes de la vida de su
tío, cuando
lo cogió el bombardeo de Nápoles, la operación del año 1954, su
internación
en el manicomio, como en el San Pietro della Cassia. Cuando se lo
llevaron
los sobrinos fueron a la empresa fúnebre, mientras el General, yo y
Mazzi
fuimos a Correos para mandar varios telegramas, incluyendo uno para
el
Teatro Colón de Buenos Aires.
El Sábado 23 nos encontramos varios en la
capilla, allí había dos personas
que yo no conocía. Don Carlo tenía puesto un
traje de calle, sobre una
simple camilla. Lo rodeaban seis candelabros
de una bombilla cada uno,
enfrente del altar. Todo de una simplicidad y
pobreza franciscana, que
golpeó a nuestra vista. Pensar que así terminó en
muerte, quien en vida
disfrutó de gloria. No le quedó nada, miseria, muy
pocos parientes y
algunos amigos incondicionales.
El Domingo 24 a las 10
de la mañana se celebró el funeral con misa en la
Iglesia de San Giacomo al
Corso. En la capilla nos encontramos los de
siempre, pero en la iglesia con
el agregado de varios más. Con el cortejo
delante y a pié dimos una vuelta a
la manzana hasta la iglesia. En total
unas 40 personas. El sacerdote dijo
unas muy bonitas palabras sobre Don
Carlo y en la puerta y delante del cajón,
el tenor Manurita en nombre del
ambiente lírico, leyó una breve serie de
elogios sobre la vida artística y
valores humanos de Galeffi.
Una vez el
féretro en el furgón, comenzaron los comentarios y las excusas.
Unos por
tener compromisos, otros por falta de medios para desplazarse.
Verdadera
desolación me produjo, el ver que ni siquiera la mitad de los
presentes lo
acompañaríamos hasta su última morada.
Giorgio no iría porque estos actos lo
deprimen mucho, demasiadas veces lo
dijo como para no ser oído, De Michelis
no podía ir, Petrosémolo no tenía
con quien ir, aunque tampoco hizo mucho
esfuerzo por conseguirlo.
Finalmente accedió a acompañarme, encontrándonos
allí con el disminuído
grupo bohemio.
Escribo estas líneas con mucho
dolor, gran decepción y mayor disgusto, al
comprobar lo poco que se valora al
ser humano, cuando ha pasado la gloria,
se es viejo, pobre y casi sin
familia.
¡Como se les llenaba la boca a todos....! ¡Como se hinchaban
de
vanidad....! recordando mil detalles que pudieran demostrar a los
demás,
esa "amistad" en vida con Galeffi!
Así desapareció el que fuera una
de las más grandes glorias de la lírica.
Olvidado por aquellos a quienes
honró con su amistad y ayudó
economicamente, mientras pudo. Recordado por
aquellos a quienes deleitó
durante tantos años con los brillantes sonidos
salidos de su garganta.
Descanse en paz querido amigo.
"Consolatevi con me voi tutti che me eravate tanto cari. Io lascio un
mondo
di dolore per un Regno di pace".(Santa Caterina da Siena)
"¡Cuan poco tiempo basta para cambiar todo! ¡Naturaleza de serena
frente,
como sembráis en todo el olvido! (Victor Hugo)