Jaime Castañeda Reyes

  
Fausto, de Gounod, es una de las óperas más complejas y controvertidas dentro del repertorio más popular. Y El Paso Opera, en su séptimo año de vida, con un presupuesto limitado, lo que se traduce en la renta forzosa de los escenarios, falta de un teatro propio y el mismo coro de siempre, se atreve con Fausto. 
 
Juárez-El Paso es una comunidad que rebasa ya -creo yo- los dos millones de personas. Es la urbe más grande en extensión en la frontera entre México y Estados Unidos, con excepción de Tijuana-San Diego, donde nuestra pobreza contrasta con el Estado más rico del mundo.
Por circunstancias de una cultura educativa y artística mal dirigida, Ciudad Juárez no cuenta con una orquesta sinfónica, ni con un teatro propio para ópera o conciertos. Los directivos de El Paso Opera han pensado en trasponer la frontera para traer a nuestro público mexicano las producciones de seguro éxito, como son Carmen de Bizet, Traviata y Rigoleto de Verdi, El Barbero de Sevilla de Rossini, Bohemia, Madama Butterfly y Tosca de Puccini y otras, pero no ha sido posible por la falta de infraestructura cultural en el lado mexicano. El público juarense acude a las funciones de ópera en El Paso, pues  en atención a lo hispano se colocan supertítulos en español también.
Volviendo a la compañía operística paseña, diremos que ha creado un nuevo mercado para cantantes de un circuito operístico del medio oeste de Estados Unidos, sin llegar a pretender titulares del Sancto Sanctorum que es el Metropolitan Opera House del Lincoln Center en New York, que edita su propia revista (Opera News), única en su género en la nación vecina, pero donde fuera del Metropolitan todo es Rancho Seco, y única a la que tenemos acceso los que deseamos leer sobre ópera.

Las limitaciones de El Paso Opera no permiten la contratación de algún director musical o de escena notable, y por ello nos vemos privados de alguna interpretación novedosa o algún concepto audaz. Raymond Harvey es el director musical titular y se apega a las intenciones del compositor. En este Fausto, con el temor de siempre, que la ópera se alargue, nos quedaron debiendo el ballet del quinto acto.  
Esta vez hemos tenido la fortuna de escuchar a la soprano Yunah Lee y al tenor Gregory Schmidt, intérpretes de Margarita y el Dr. Fausto. Ambos son ya conocidos de nuestras audiencias, pues vinieron a cantar en ocasión de un Don Giovanni muy decorosoque disfrutamos en 1997. Ella como una Zerlina deliciosa y él como Don Ottavio. Ambos han regresado a confirmarnos su calidad vocal, especialmente la soprano coreana en los registros altos de su Margarita, que nos estimulan la imaginación acerca de la virginal heroína caída en la desgracia pero salvada al fin por urgencias de los libretistas Jules Barbier y Michel Carré, pues la ópera se basa en la parte primera del libro de Goethe. Es memorable el aria Il était un roi de Thulé al inicio del acto segundo e inmediatamente Ah! je ris deme voir si belle. Ella, como su paisano Kyung Mook Yum (Valentín) realizó estudios en Juilliard. Fausto (Gregory Schmidt) además de agradable presencia y estatura tiene el timbre de tenor lírico más apreciado entre los públicos y luce en los duetos y trios. Los duos con Margarita son los más logrados. Y no dejamos atrás a Mefistófeles (MarcSchnaible), con su naturalísima dicción francesa por sus experiencias europeas y su voz de bajo-baritono de rica profundidad, especialmente lucidora en la serenata del cuarto acto, terminando en las carcajadas a octavas.

De este Fausto de Gounod (1818-1893) merece mención el barítono Kyung Mook Yum, intérprete de Valentín, a quien ya habíamos escuchado también, como el Giorgio Germont en la Traviata paseña de 1999. Su desventaja es su corta estatura. Kathryn Friest es Siebel, y sus intervenciones son dinámicas, como lo es la pasión de este Querubino que vive el primer amor en su Margarita. Su registro completo de mezzo y angel le augura un brillante futuro. Esta próxima temporada interpretará el Nicklausse en Los Cuentos de Hoffmann en producción de New York City Opera. Judith Engle, quien nos ofrecio la Amneris en la producción de Aida de 1998, destaca como Martha la vecina de Margarita con su enorme comicidad y excelente intención vocal.

Levy Hernandez es Wagner y arranca aplausos en su corta intervención a la cabeza del cotarro a las puertas del pueblo. Los soldados visten un uniforme todo en gris y nos parece que falta el toque de color en los uniformes de ese segundo acto, con una escenografía imaginativa -cortesía de Cleveland Opera- pero con un vestuario más bien pobre especialmente en los uniformes de los milicos. Por otra parte, la escenografia del primer acto responde a las espectativas y nos presenta el telón transparente con Margarita hilando, cuadro escénico creado casi desde el instante mismo de la concepción de la ópera en la mente de  sus creadores. El resto de la escenografía es excelente, permite su ágil manejo y la proyección acertada.

En general hay un equilibrio excelente en las voces, muy limpias y proyectadas a plenitud todas ellas y el coro tuvo excelentes intervenciones, aunque de inicios titubeantes. Como decimos antes, ese coro necesita crecer y una diversidad mayor de tipos. Nos parece, a los fronterizos, que vemos al mismo grupo universitario siempre.
Opera El Paso tiene un nivel de calidad aceptable en las producciones, pese a las limitaciones y la falta de un teatro de ópera propio, y es que con óperas tan populares como Fausto, que tiene 13 éxitos musicales, lo que nos hace olvidarnos de lo fácil que es entregarle el alma al diablo y para el chamuco meter la cola donde se le antoje, el triunfo, cuando las cosas se hacen bien y hay calidad, es seguro.
Para la temporada 2002-2003 se anuncian otros dos cañonazos operísticos: Lucía de Lammermoor de Gaetano Donizetti (agosto 29, 31 y septiembre 1) y Sanson y Dalila, de Camille Saint-Saens, marzo 6, 8 y 9 de 2003. Vida pedimos para disfrutarlos. Ya les reseñaremos.