
Aquí posteo, después de algunos días de no aparecerme por el blog, mi
crítica sobre la puesta en escena de El rapto en el serrallo, correspondiente a
la Temporada 2006 de la Cía, Nal, de Óh,pera.
El rapto en el serrallo en Bellas Artes
Por
José Noé Mercado
La Compañía Nacional de Ópera continuó su Temporada 2006, los pasados 21,
23, 25 y 28 de mayo, al presentar en el Palacio de Bellas Artes cuatro funciones
de El rapto en el serrallo, de Wolfgang Amadeus Mozart, en el marco del 250
aniversario del compositor salzburgués.
El rol de Konstanze lo alternaron
las sopranos Bertha Granados y Olivia Gorra. La primera en general con un canto
adecuado, salvo un par de agudos abiertos y poco mozartianos. Gorra en mucho
mejor forma canora que en sus actuaciones recientes en este teatro, demostrando
que es una voz de calidad, lamentablemente, para el caso: no impregnada del
estilo requerido por este repertorio, en parte porque no es el que más
frecuenta, y en otra porque llegó de último momento a la producción sin estar en
el proceso de ensayos. El tenor Javier Camarena, como Belmonte, sacó adelante su
papel, se esmeró en ello, aunque es claro que tuvo que adelgazar un tanto su
emisión para cumplir los malabarismos que la partitura le exige, es decir: no se
le sintió del todo cómodo al cantar.
Esto último puede decirse también
del Pedrillo del tenor José Guadalupe Reyes, que de repente cantó descuadrado y
sin que la concertadora hiciera algo para remediarlo o, mínimo, disimularlo. No
obstante, su participación logró compensarla con su simpática actuación. El rol
más lucido de estas presentaciones, el de Blonde, se lo rolaron las sopranos
Rosa Elvira Sierra y Rebeca Olvera. Ambas mostraron mucho más ortodoxia
mozartiana que sus colegas y se movieron con mayor ligereza y musicalidad por la
obra. Olvera, que ha desarrollado en mucho su talento a partir de su estancia
académica en Europa, bien podría no achipilarse en el escenario para no dejar la
sensación de un histrionismo tan tralalí-alalí (término que alude a que todo es
feliz y con mirada rosita e infantil), como el que ha presentado desde su debut
como Hija del regimiento. El bajo ruso Mikhail Svetlov Krutikov encarnó un
gracioso Osmin que recibió los más nutridos aplausos del público, principalmente
por su aspecto histriónico, ya que en la asignatura vocal se barrió en diversas
frases y coloraturas. El experimentado actor Sergio de Bustamante, como Selim,
hizo un trabajo escénico destacado. Lástima que sus diálogos fueran pronunciados
con tanto acartonamiento, propio de esas funciones de teatro de ayer, o
anteayer, que dejan escapar un olor a ranciedad. Por cierto que los diálogos en
alemán fueron sustituidos por unos en español-mexicano. Y se le dieron una
revolcadita de humor nacional que más que ayudar a entender la obra o acercarla
al público: ¿por qué no cantarla entonces toda en español?, como algunos
quisieron justificar, lo único que devela es ese particular provincianismo que
aún nos estremece el alma natal. Un toquecito palurdo, no más.
La puesta
en escena de Massimo Gasparon fue de carácter neoclásica, o mínimo trató de
serlo. No presentó mucho movimiento, no hubo trazo casi, y contó con una
escenografía racional y, por momentos románticamente valorados, sin vida, con
los típicos arbustos recortados, cuidando la forma. Igual que el vestuario, el
diseño escenográfico pareció recreado desde fuera, como una ambientación exógena
y no surgida del interior y así exhalada a la escena. Pero funcionó, junto con
la iluminación de César Guerra.
Para esta producción se trajo como
directora de orquesta a la cubana Lucy Arner, quien es más reconocida coach y
pianista acompañante que concertadora. Su muy lenta batuta condicionó el
resultado musical soso y sin brillo de la música escuchada. No en todo momento
se ocupó de dar las debidas entradas a los cantantes, o lo que es más grave:
llegó a dar algunas falsas, y ellos, unos jóvenes, otros mozartianos primerizos,
se perdieron en varias ocasiones. La concertadora, esa impresión quedó, no
conocía a fondo la obra, además de que permitió ciertas ornamentaciones y
cadencias fuera de lugar. Siempre es interesante mirar el trabajo de una mujer
con batuta en el foso, pero más atractivo será siempre comprobar el éxito de un
concertador, hombre, mujer, extraterrestre o cosa: en realidad eso poco importa,
al comandar con idea a sus huestes orquestales y entendiendo el canto que nace
en el escenario.
jonomerc@operacalli.com