GILDA CRUZ-ROMO, LA VOZ QUE DIO GLORIA A MÉXICO EN EL MUNDO

OCTAVIO SOSA.

La soprano Gilda Cruz-Romo, quien nació en Guadalajara, fue discípula del distinguido barítono, entonces retirado de los escenarios de la ópera, Ángel R. Esquivel.

Sus inicios en el canto sucedieron en el coro del Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández en las giras a Europa, Asia y Centroamérica y su debut en el Palacio de Bellas Artes fue cantando las Bachianas Brasileiras No. 5 de Héctor Villa-Lobos con la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección musical de Carlos Chávez.

El 6 de septiembre de 1962 cantó su primer papel en una ópera y fue el de “Ortlinde” de La valquiria, apadrinada en el elenco por el célebre tenor Jon Vickers y por Georges Sebastian, desde el podio.

Su debut estelar, también en el Palacio de Bellas Artes, sucedió el 7 de mayo de 1963 cantando Suor Angelica, de Puccini, permaneciendo en ese escenario por varios años, antes de emprender una de las más brillantes y sólidas carreras internacionales.

Durante 1965, en la temporada nacional, participó en la reposición de Diálogo de Carmelitas, de Poulenc como “Blanche de la Force” y encarnando a “Musetta” en La bohéme, y a “Venus” en Tannhäuser, alternando en ambas junto a Montserrat Caballé.

Un año después, en el mismo escenario, sobresalieron sus actuaciones en Tosca con el tenor Flaviano Labó y como “Micaela” en Carmen, junto a Pedro Lavirgen.

También en 1966 tuvo su primera actuación internacional; la Ópera Cívica de Dallas significó su debut norteamericano y fue como la “Dama de Lady Macbeth” en Macbeth y “Giovanna” en Rigoletto. Un año después cantó Suor Angelica; Ana Bolena en 1968 y en 1969 hizo “Olga” en Fedora, con Magda Olivero y Bruno Prevedi.

Cabe señalar que en 1967, después de contraer matrimonio con Roberto [Bob] Romo, joven integrante del coro de la Ópera de Dallas, Gilda reapareció en la escena lírica en un memorable concierto como Gilda Cruz-Romo.

Después de una ausencia de siete años en el Palacio de Bellas Artes, regresó en 1973 a cantar Amelia en Un ballo in maschera, después de éxitos categóricos en donde engalanó los elencos en los escenarios más prestigiosos del mundo operístico. Esa representación significó el regreso triunfal de Gilda a México, completísima artista de categoría mundial.

Antes, en 1969, había debutado en la Ópera de la ciudad de Nueva York cantando el papel de “Margherita” en Mefistofele de Boito y en 1970 en la Ópera Metropolitana de Nueva York como “Maddalena de Coigny” en Andrea Chénier de Giordano y “Cio-Cio-San” en Madama Butterfly, de Puccini, teatro donde permaneció por más de diez años en todas las temporadas de ópera, en donde se recuerda especialmente la apertura de la temporada 1981 con Otello a lado de Plácido Domingo y Sherril Milnes.

Para 1972 había realizado presentaciones exitosísimas en el Covent Garden de Londres con Aida y en 1973 en el Teatro alla Scala de Milán con la misma ópera. En 1974 hizo actuaciones en Viena con La forza del destino, de Verdi; de Manon Lescaut, de Puccini, en Roma y de Aida en la Arena de Verona.

El Gran Teatro del Liceo de Barcelona le abrió las puertas en 1974, en donde Gilda interpretó Tosca junto a Jaime Aragall. En Santiago de Chile se presentó por primera vez en el Teatro Municipal en octubre de 1976 en el papel de Aída, donde compartió el escenario con Rubén Domínguez y Tosca con Prevedi, coliseo al que volvió en 1977 como Cio-Cio-San en Madama Butterfly y como “Maddalena de Coigny” en Andrea Chénier. Cinco funciones de Desdemona en el Otello verdiano en 1981 fueron las últimas actuaciones de Gilda en ese escenario, junto a los “Moros” Carlo Cossutta, Angelo Marenzi y Gilbert Py, además de Adriana Lecouvreur con Mariana Paunova y Ermanno Mauro, bajo la batuta de Miguel Angel Veltri.

En 1976 efectuó la filmación en vivo de una nueva producción de Aida, bajo la dirección de Thomas Schippers en el Festival de Orange, Francia y en 1977 retornó a México para presentarse como Tosca y como “Elvira” en el estreno en Bellas Artes del Ernani verdiano, funciones de las que la prensa reseñó: “...los entusiasmos se desbordaron en las cálidas ovaciones a la soprano Gilda Cruz Romo, que fue, con mucho, la reina de la noche [...] La señora Cruz Romo, además de poseer una voz bellísima, y de tomarse la molestia de educarla con el mayor esmero, es una mujer de notable belleza, en el estilo “Giunone”, y sus progresos como actriz son sorprendentes. No exageramos al decir que a ninguna hemos visto actuar mejor esta parte, que nos es a todos conocidas. ¿Quién no ha visto “Tosca” por lo menos una docena de veces?...

Participó en 1984, con motivo de las celebraciones del cincuenta aniversario del Palacio de Bellas Artes, con una inolvidable gala operística y dos años después, en 1986, con cuatro representaciones de Adriana Lecouvreur, de Cilea, registros que en este volumen se pueden disfrutar.

Significativo es señalar, que en 1984 Gilda encarnó por primera vez en su carrera, el papel protagónico de Turandot, de Puccini en el Degollado de Guadalajara y un año después en el Palacio de Bellas Artes, convirtiéndose en la tercera soprano mexicana en abordar ese rol.

En 1992, Gilda cantó, a manera de despedida, en el Teatro Degollado de su natal Jalisco, El amor brujo, de Manuel de Falla, de manera por demás emotiva.

Mucho se ha hablado, dicho y escrito sobre y de Gilda Cruz-Romo; de sus inicios musicales en los entonces muy diversos escenarios mexicanos, de su brillante carrera internacional; sin embargo poco se ha escuchado de ella, en voz de ella, cantando.

Este es entonces el mejor momento para recordar a la voz que dio gloria a México en el mundo: Gilda Cruz-Romo.


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