I CASTRATI

El canto, una de las más bellas expresiones del arte. Durante su evolución se ha encontrado con diversos estilos, técnicas y métodos creados por el ser humano. Por ejemplo: Durante los siglos XIV y XV, se hizo uso del  FALSETE,  el BEL CANTO dominó el principio del siglo XIX con obras de compositores como Donizetti, Bellini, Verdi, Wagner, entre otros; surgiendo posteriormente un estilo más expresivo con dramatismo musical, Beethoven, Berlioz, Verdi, Wagner, etc.

Pero durante los siglos XVII y XVIII, florece y permanece un método (que en opinión del que estas líneas escribe es ) totalmente “heterodoxo”, contrario a la naturaleza del hombre, el de I CASTRATI, que en italiano significa los castrados. Este estilo consistía en la castración de los niños en edad prepuberta, y se efectuaba de tres supuestas maneras. En la primera el niño era bañado en agua caliente mezclada con una solución de hierbas y los testículos le eran presionados (machacados) con los dedos hasta llegar a romperlos, evitando así su normal crecimiento; no era necesaria ninguna incisión. Un segundo procedimiento se desarrollaba haciendo que los testículos se enfriaran con el fin de que desaparecieran, esto se lograba cortando la vena que los alimenta y nutre, por lo que estos crecían delgados y flojos al grado de secarse y desaparecer. Otro método fue sacar los testículos completamente y de una vez, esta operación era comúnmente efectuada poniendo al paciente en una tina de baño con agua caliente, poco tiempo después le presionaban la vena yugular hasta provocarle una especie de apoplegía  y así la acción podía desarrollarse sin causarle dolor alguno al paciente. Actualmente la mayoría de los médicos son de la opinión de que la anterior operación conocida como “orquideoctomía bilateral”, -extracción total de ambos testículos- puede bastar para impedir una madurez normal de la larínge, y esto aplicado a los prepubertos provoca impotencia o falta de lívido. Algunas fuentes pretenden demandar que durante el periodo comprendido entre los años 1600-1800, fueron castrados anualmente de 4000 a 5000 niños; algunos expertos mencionan que en el siglo XVIII, el 70% de todos los cantantes de ópera varones eran castrati.

Los castrati ocuparon la posición central en el mundo operístico, heredado posteriormente a principios del siglo XIX por sopranos y tenores. Realmente su supremacía fue aún más grande porque no solamente dominaron en la escena, también pusieron en marcha escuelas de canto, dirigieron  departamentos en los conservatorios y fueron los pedagogos de todos los instructores de canto de Italia. En 1855, Rossini aseveró con respecto a los castrati: Su maestría artística es toda la que ellos podrían tener, por lo que consagraron el más asiduo esmero e incansable cuidado a su preparación. Siempre se dirigían a los músicos con total disponibilidad, y cuando sus voces vacilaban eran excelentes maestros. En 1858 señaló: Aunque aquellos que dominan al máximo la grandeza, la tradición verdadera desaparece sin dejar discípulos de su nivel, su arte se desvanece, muere. En 1860 le dijo a Wagner: Igualmente los castrados están desapareciendo por consecuencia de la formación de nuevas costumbres. Esto es la causa de la irreparable decadencia en el arte del canto... ¡Ay de nosotros!. El “bel canto” de nuestra tierra está perdido. Y en 1866 declaró: Aquellos chicos mutilados quienes no podrán seguir otra carrera que no sea cantar, fueron los fundadores del –canto sentimental, expresado en el alma- y la horrible decadencia del “bel canto italiano” se originó con su supresión.   

La doble muerte de los castrati, tanto de su técnica como de su tradición vocal, fue aclamada cuando las academias italianas donde ellos enseñaban fueron en su mayoría cerradas durante las guerras y agitaciones sociales del período napoleónico. Cantantes aspirantes fueron de ese modo privados de lo que había sido su fuente tradicional de instrucción. Sin embargo, debido a los disturbios de ese tiempo menos gente estudiaba canto, tal fue el caso en Italia y especialmente en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Y cuando la tan distante castración de niños fue totalmente abolida los métodos de canto perfeccionados por los castrati se detuvieron y se diseminaron por completo.

Desde el mismo nacimiento de la ópera los castrati hegemonizaron sus papeles protagonistas, hombres emasculados encarnaron a la primera EURIDICE o a la mensajera que notificaba a ORFEO su desdicha. Caprichosos, imprevisibles, excéntricos, los grandes castrati cobraban cifras desmedidas y se permitían desplantes inauditos; cantantes hubo como PAOLO GROSSI apodado SIFACE, que osaron desatender una invitación de LUIS XIV; o que fueron ennoblecidos como BALDASARE FERRI, activo en la corte de Varsovia y nombrado “Caballero de la Cruz de San Marcos” por la reina Cristina de Suecia en 1645, que solicitó para ello una tregua en la guerra que mantenía con el Rey Segismundo III de Polonia. O que se convirtieran en grandes intrigantes cortesanos, como CARLO BROSCHI llamado FARINELLI que por 25 000 francos anuales cantó desde 1737 las mismas arias cada noche durante cinco lustros ante un Felipe V de España, atrapado por la melancolía. Para aquellas voces excelsas e inverosímiles se escribieron los más sublimes personajes del pasado, como el de JULIO CESAR que GEORG FRÉDERICK HÄNDEL compondría en 1723 para el célebre FRANCESCO BERNARDI conocido como SENECINO por ser natural de la ciudad de Siena, contratado por la Ópera Real Inglesa por la inconcebible cifra de 2500 guineas anuales. A mediados del siglo XVIII en el comienzo del lento ocaso de los castrati, el mismo HÄNDEL en sus últimos años adaptó JULIO CESAR para una mezzosoprano que es el tipo de voz con la que se canta desde que la obra se redescubrió en los años 20’s del siglo XX. 

Para aquellos interesados en escuchar la verdadera voz de un castrati, existen grabaciones (muy primitivas, 1902-1905) del último de los castrati, ALESSANDRO MORESCHI. Este personaje nació el 11 de noviembre de 1858 en Montecompatrio Italia, y murio el 21 de abril de 1921 en Roma. En 1883 se convirtió en soprano principal de la CAPELLA SISTINA hasta el año de 1913; y como era obligado para ellos se convirtió en maestro en Roma, haciendose acreedor al título de “PROFESOR”. Los testimonios acústicos denotan una voz un tanto femenil, potente, de acento triste, pero totalmente desagradable y lejana a la de la mujer, o a la del contratenor.

JUAN JOSÉ ARIAS Jr.