Foto Ken Howard


El barbero de Sevilla
(G. Rossini)  

The Metropolitan Opera
Nueva Producción -New York  

El Metropolitan de Nueva York está presentando la nueva producción del Barbero de Sevilla con un gran elenco de cantantes.  Siguiendo la tendencia actual de minimizar el uso de decorados en el escenario, vemos que han agregado una tarima rodeando al foso de la orquesta, donde los artistas se mueven y actúan junto a los espectadores, dándole un tono más real a toda la trama.  Esto también ayuda a que el público se concentre más en los cantantes, en vez de distraerse mirando interiores que en algunas ocasiones han tomado más importancia que la misma ópera.  Como escenografía sólamente aparecen puertas rodantes, que se multiplican entre sí y los mismos actores las maniobran, moviéndolas de un sitio a otro con gran naturalidad. 

El primer acto se caracteriza por la entrada de Figaro, el barítono sueco Peter Mattei, quien se asemeja más a un Dr. Bartolo que al dicharachero barbero.   Aparece en una enorme carreta empujada por lindas sevillanas, trayendo un burro a la rastra, donde vemos una gran cantidad de artículos de tocador en distintas repisas, junto a pelucas y cosméticos que se puedan emplear para acicalar a los clientes.  Figaro se mueve con gran agilidad, saltando alrededor del escenario, subiendo y bajando de la carreta con sus largas piernas,  como si fuera un atleta.  Su "Largo al factotum" interpretado con fuerte voz, pero faltándole la chispa sevillana, logra de todas formas obtener la tradicional ovación a esta aria.   Anteriormente, hemos visto y escuchado al tenor Juan Diego Florez, único en su género y todavía sin rivales en el arte de Rossini, interpretar con gran naturalidad  el "Ecco ridente" que también es fuertemente aplaudido.  En esta nueva producción donde se le da mucha importancia a la comicidad de esta ópera, fuimos sorprendidos por la aparición del Conde de Almaviva caminando a través del público, con grandes y sonoras zancadas mientras se dirige al escenario, elegantemente vestido y con los gestos aristocráticos que corresponden a un señor de esta alcurnia.  También hemos visto y escuchado a Rosina, interpretada por la mezzo lírica Joyce DiDonato, con buena presencia física y una voz a veces pastosa, pero de mediano alcance, que cuando participa en concertantes, tiende a forzar el volumen y la voz suena apretada.  Su "Una voce poco fa" reúne los requisitos impuestos por el compositor, agregando unos trinos bien ejecutados,  pero le falta vivacidad y alegría en la modulación, más no en la interpretación, que desempeña muy bien.  

Una innovación es la introducción de un experto actor cómico en el papel de Ambrogio, el criado del Dr. Bartolo.  Rob Besserer debuta en el Met interpretando este papel mudo con gran elasticidad, haciendo reir al  público con sus ademanes y expresiones que constantemente sorprenden con algún movimiento inusitado.  La soprano Claudia White es Berta  y aprovecha su única aria "Il vecchiotto cerca moglie" para mostrar su talento.  También buena voz  la de Brian Davis como Fiorello.  La orquesta bien dirigida por Maurizio Benini, dándole mucha importancia a los clásicos  crescendos de Rossini y manteniendo el volumen a buen tono, sin opacar a los cantantes.  El coro del Metropolitan cumple su deber en buena forma.  El maestro de música, desempeñado por el bajo cantante John  Relyea, que tanto da qué hablar por su hermosa voz y buena actuación, desmerece  como bufo en este difícil papel.  No es solamente la música y la voz, la cual se hace notar especialmente en la muy popular aria de la calumnia, pero tradicionalmente Don Basilio es un personaje de gran importancia, que complementa a los demás intérpretes en la enorme diversión de esta ópera y en esta ocasión, vemos un hombre serio y bien plantado, que canta bien y nada más.  

Ahora viene lo mejor.  El dúo Juan Diego Florez, como Alvaviva y el extraordinario bufo que es John Del Carlo, magistralmente interpretando al Dr. Bartolo, parece estar escrito en las estrellas.  La compatibilidad de estos dos seres y buen sentido del humor, hacen que el espectador no pare de reirse a las carcajadas, a riesgo de no escuchar la contínua bella música.   En un momento en que el Dr. Bartolo pasa demasiado cerca del joven maestro de música suplente y sin darse cuenta  le arranca la peluca mientras continúa su camino.  Florez, sin inmutarse, se  la vuelve a colocar, pero al revés y pasado un rato se la quita nuevamente para estudiarla y ver cómo debe llevarse, todo esto dentro de la mayor naturalidad, como si  este hecho no fuera un accidente y más bien formara parte de la producción.  Ni para que decir cómo se reía el público.  John Del Carlo se apropio del Dr. Bartolo como su dueño y señor.  Enfundado en un traje de satín rosado, destacando sus larguísimas piernas y protuberante abdomen, se mueve por el escenario como si estuviera en el salón de su casa.   Su aria "A un dottor della mia sorte", el dúo con Rosina y demás vocalizaciones son  un regalo al oído.  Otro hecho inesperado es cuando baja por la tarima acercándose al público y tropieza con la cámara de televisión.  Inmediatamente se pone a gesticular como político dando entrevista en campaña presidencial ante la prensa y permanece ahí durante unos instantes que preocupan al Director de orquesta, que le hace señas para que  baje al sitio  indicado, pero Del Carlo decide continuar con esta improvisación y sonriendo prefiere estrechar la mano del público sentado en  primera fila, sin perder un solo compas.  Al final de la ópera viene el golpe de gracia en la increíble interpretación del aria "Cessa di piu resistere", cuando el inigualable Juan Diego Florez muestra un extraordinario aparato respiratorio, ejecutando sus cuerdas vocales con agilidad de violinista en una gimnasia vocal que dura más de diez minutos y terminando en un agudo que sostiene como si todavía tuviera energías para cantar otra ópera entera.  No por algo está catalogado  como el mejor tenor Rossiniano en el mundo entero.  Su voz ha crecido sin perder la elasticidad, mostrando una sonoridad que llega hasta el  último rincón de este enorme teatro de ópera.  Nuevamente el Perú nos regala otro de los prodigios nacidos en su suelo. 

Ximena Sepulveda

Revista Pro-Opera
ximena@operacalli.com