LA CENERENTOLA
(G. Rossini)
Opera de Atlanta

Rossini compuso esta ópera a los 24 años cuando se encontraba en el apogeo de su carrera, siendo invitado a todas partes en Europa a exponer y crear nuevas producciones. El Teatro Valle de Roma lo contrató para componer la ópera Cenerentola (Cenicienta) que debería ser estrenada el 25 de Enero de 1813, pero el primer libreto presentado por el compositor fue rechazado y a medida que pasaba el tiempo y se acercaba la fecha del debut, el Teatro acudió a la ayuda de Luca Agolino para varios de los números musicales y la mayoría del recitativo. El mismo Rossini tuvo que usar música de algunas de sus otras óperas para terminar Cenerentola. Es así como vemos y escuchamos al final de la producción, como Cenicienta canta la misma melodia del aria de tenor del segundo acto del Barbero de Sevilla, que había sido estrenada el año anterior y cuyos mismos cantantes participaban en esta nueva ópera.
En el papel estelar aparece la mezzo Jennifer Larmore,
oriunda de la ciudad de Atlanta y haciendo su debut con esta compañía de
ópera, interpretando un papel que ha desempeñado en muchísimas ocasiones a lo
largo de su carrera. Dotada de un agraciado fisico y simpatía natural para el
escenario, vemos sin embargo, una decadencia de lo que fuera un gran instrumento
vocal. Son pocos los cantantes del bel canto que pueden mantener sus músculos
(diafragma) en la misma buena salud de sus años mozos. Cuando la voz avisa que
se esta cansando y empieza a perder elasticidad, es hora de cambiar de
repertorio. Rossini es especialmente cruel con los cantantes.

Nicolas Phan, desempeña el rol del príncipe Ramiro con cierta incertidumbre, especialmente en las notas agudas que ataca con algún temor. Algo falto de tablas, el joven tenor no le saca alegría a este jugoso papel. El barítono Hugh Russell como Dandini, sirviente del príncipe, también ofrece una participación algo mediocre, a pesar de su buena voz, pero sin la agilidad y simpatía que este personaje debe demostrar. Las malas hermanastras muy bien encarnadas por la soprano Ani Maldjian como Clorinda y en especial la mezzo polaca Magdalena Wor, como Tisbe, que parecía divertirse con todo los malabarismos que tenía que hacer, logrando gran afinidad con el público.
El bajo cantante Richard Bernstein asumió el personaje de
Alidoro con acierto y elegancia, aun vestido de mendigo. De larga trayectoria
en el campo de la de ópera, regresa al Metropolitan en su decimocuarta
temporada, después de presentarse en importantes teatros europeos y
estadounidenses. Su repertorio incluye Mozart, Puccini, Wagner, Strauss y
algunos compositores contemporáneos.

El bufo Peter Strummer, Don Magnífico, fue un verdadero deleite. Dotado de una gran habilidad para la comedia de la cual ha hecho su carrera, este bajo cantante no desperdicia momento para hacer reir a la audiencia, sin caer en lo ordinario. Es difícil encontrar auténticos bufos en la actualidad, cuando los cantantes se ven obligados a interpretar toda clase de óperas y deben aparecer serios en una y cómicos en otra. No es solamente la capacidad vocal la que da vida a un ser imaginario, ya que también debe ser acompañada por un entusiasmo e imaginacion que permita creer algo que no existe y convertirlo en realidad.
Gran talento el de David Gately, Director de Escena. Logra fluir la ópera sin momentos aburridos, agregando un contínuo movimiento que distrae al espectador en situaciones jocosas y simpáticas. Con gran repertorio en su todavía joven carrera y artista en su medio, es solicitado contínuamente por compañías de ópera de cualquier latititud. En esta producción, se podría decir que la puesta en escena fue enfocada a los niños, que acudieron en gran numero y salieron muy contentos, a pesar de ver una Cenicienta algo distinta al cuento de hadas. Gregory Vajda, fue el Director de Orquesta, logrando un buen sonido sin gran algarabía.
XIMENA SEPULVEDA
Atlanta, 23 de
noviembre,
2008
Fotos por Tim Wilkerson.
Óperacalli.com