MADAMA  BUTTERFLY
(G. Puccini)
Ópera de Atlanta

La Ópera de Atlanta inicia su temporada con la puesta en escena de la perenne Madama Butterfly.  Usando en su mayoría joven talento, como se acostumbra en las óperas regionales, pero con una primera gran figura en algún papel estelar. En este caso le tocó el turno al tenor Richard Leech,  quien ha adoptado el papel de Pinkerton como propio, desempeñandolo con apreciada naturalidad. La voz se ha desarrollado, cambiando el tono  lírico de su juventud a un spinto con buen volumen en su edad madura. Se le nota muy cómodo en este personaje, a quien imparte los matices necesarios, mientras guía a sus menos experimentados colegas con  suave mano, cuando comparten el escenario.



El papel estelar corrió a cargo de la soprano polaca Joanna Kozlowska. Dotada de un excelente instrumento que le cuesta controlar, se advierten problemas de cuadratura terminando la frase musical antes que la orquesta. No logra exteriorizar el sentimiento, dando la impresión de estar más concentrada en las tonalidades que quiere dar a su voz, que en la interpretación del artista. Su aria inicial bien cantada, pero fría. A medida que transcurre la trama va mejorando, pero siempre dando la impresión de sentirse mejor junto a otra voz, que no sea la suya propia, como es el caso de la romanza con el tenor que fue de gran impacto. El aria Un Bel Di desmereció, nuevamente por la falta de cuadratura e inestabilidad en la interpretación, logrando amables aplausos de cortesía más bien dirigidos a la música de Puccini, que a la soprano. Finalmente logra despojarse de su timidez y nos brinda un espeluznante final de ópera.

Los papeles secundarios no avanzaron a primer plano. Vemos a la contralto Jennifer Hines desempeñando una imperceptible y sumisa Suzuki, con voz engolada y sonido entubado. De pequeño volumen y dificultad de proyección, no encarna a la fiel criada que debe brindar  protección y apoyo a su ama. El hermoso dúo soprano/mezzo pasó inadvertido, sin brillo ni expresión que motivara  algún sentimiento de piedad ante la tragedia que se avecina. El cónsul es interpretado por el barítono Weston Hurt, quien da lo mejor de sí, logrando un efecto positivo. La voz no es muy potente, perdiendo un poco de brillo cuando se une a la del tenor. Su actuación es  acertada y el personaje sale a relucir. Un poco incierto el significado de los cuatro encapuchados  vestidos de negro, que aparecen  de vez en cuando.

 Los diseños, vestuario y utilería de Jun Kancko, llenaron de color el levemente ataviado escenario, fiel exponente de los tiempos modernos donde desaparecen los grandes decorados de antaño, para dar vida a una simplicidad que requiere mayor uso de la imaginación por parte del espectador. El hermoso alumbrado de Noele Stollmack aporta la poesía visual que complementa la acción, mientras que la orquesta sabiamente dirigida por Joseph Rescigno (sobrino del recientemente fallecido Nicola Rescigno), muestra la sensibilidad  de su conductor, logrando sonidos y  colores que acentúan la música de Puccini. Un detalle magistral del Director de Escena, Bernard Uzan es el hacer que Cio-Cio-San, Suzuki y Dolore abandonen el escenario durante el largo intervalo de la noche al día, cuando se supone arriba la nave de Pinkerton.  Oscureciendo el escenario y mostrando rayas computarizadas que se proyectan sobre paneles que cuelgan del techo, permiten volar a la imaginación  en fantasías musicales, sin  que el espectador se preocupe del malestar que podrían sufrir los cantantes si continuaran en escena: estáticos y en incómodas posiciones por  largo tiempo. Impactante la gota de sangre que llora al morir Butterfly.

El efecto general fue bueno y cumplió su cometido. Sólo falta agregar cierta ignorancia que aqueja a gran parte del público, y es la de brindar ovaciones de pie a cualquier presentación, obligando a los que no están de acuerdo, a también levantarse si quieren ver los saludos de los protagonistas. Esta falta de atención se percibe  en muchísimas ciudades y sería interesante poner una pequeña anotación en los programas, en igual forma que piden al público apagar sus celulares, también recordarles que no todo el mundo piensa igual y sus derechos deben ser respetados. Favor de permanecer en sus asientos a no ser que la producción realmente merezca una ovación de pie, lo cual sucede en muy raras ocasiones.

Ximena Sepúlveda
Fotos de Tim Wilkerson

Óperacalli.com

Atlanta, Octubre 15, 2008.